Segunda entrega de una de las tres nuevas colecciones de Avengers en el Universo Marvel, donde Brian Michael Bendis nos presenta todo un espectáculo de acción a lo largo de las 24 páginas, de forma que en ningún momento dejamos de sorprendernos.

Si en el número anterior dejamos a los Avengers en el comedor de su mansión completamente sorprendidos al ver entrar a Dr. Strange y a Daimon, poseídos por unos demonios obcecados en conseguir el Ojo de Agamotto, ahora el problema radica en la posesión demoníaca que sufre Luke Cage. Con unos cuatro metros de altura y cargado de energía demoníaca, tendrán que ser especialmente the Thing (la Cosa) y Ms. Marvel quienes tengan que hacerle frente. Hay que evitar en todo momento que consiga hacerse con el Ojo de Agamotto del Hechicero Supremo, al tiempo que hay que exorcizar del cuerpo de Powerman a esa entidad demoníaca.

La tarea de desarrollar un cómic en el que a lo largo de 24 páginas solamente vas a ofrecer acción y más acción, Bendis lo transforma en una interesante batalla que por momentos se divide en tres puntos de atención que vuelven a reunirse cuando todo pasa de la mansión a campo abierto, a pocos metros de la residencia de los Avengers.

El primer foco de atención ya queda descrito con Luke Cage enfrentado a los Avengers más poderosos (Thing y Ms. Marvel) si bien también interviene Iron Fist, que tendrá un papel especialmente destacado al final del episodio.

Otro foco de atención lo tendremos en el hijo de Luke Cage, que Spider-Man tendrá que poner a salvo mientras en un tercer foco, vemos cómo Wolverine se tiene que enfrentar a Strange y a Daimon, poseídos por demonios, y a los que está dispuesto a detener, ya sea sacando de sus cuerpos a esas entidades del Averno, ya sea usando sus garras del modo más expeditivo y fácilmente imaginable en este mutante.

El final del episodio no es ni mucho menos el final de esta saga, sino que Bendis consigue poner un punto y aparte para lanzarnos un continuará muy interesante cara al tercer número, donde toda la emoción y el misterio entorno al repentino interés de ciertos demonios de llevar el Ojo de Agamotto a un ser superior al que sirven, se supone que comenzará a perfilar más la amenaza que conlleva.

Stuart Immonen, el dibujante de esta serie, sigue sorprendiendo por el tono fresco que le da a la colección, así como en un número tan difícil de dibujar como este nos demuestra que es muy capaz no solo de hacer que la lectura sea agradable y fluida, sino que nos transmite toda la fuerza del combate y nos regala literalmente uno de los mejores episodios que podrían esperarse de una historia como la de esta entrega. Sin duda, un gran acierto como dibujante para esta colección que más valdría que continuara durante muchos meses.