Posiblemente Tom Mandrake sea el artista más adecuado del universo para ilustrar un cómic que pretende ser setentero en todos sus poros. Es como ver dibujos de Denis Cowan realizados en una mala tarde.
En cuanto a la saga, esta ya nos ha traído hasta tierras de Louisiana donde, por supuesto, el tema del vudú está a la orden del día. Y sí, huele a tema clásico rancio, porque realmente la historia es así.
El Dr. Fate ha tenido una presencia testimonial, y desaparecerá en este capítulo convirtiéndose en todo lo contrario de lo que estamos viendo en el actual crossover JLA-JSA: un monigote que no pinta absolutamente nada y que solo ha servido para verlo dibujado en unas pocas viñetas.
La historia continúa siendo una saga de lo absurdo: Superman, Batman, un vampiro que interpretaremos como Drácula y un Hombre Lobo con más pinta de perro sarnoso (y cabreado) que otra cosa.
Por supuesto, para seguir los parámetros de la época dorada de la música disco, tendremos a Liz, la clásica muchacha en peligro, que hará que nuestros héroes se trasladen a Corto Maltés para rescatarla de manos del clásico brujo vudista, unos cuantos zombis y un panorama absolutamente clásico como el alcanfor.
El final de la historia no lo suelo desvelar, pero sus autores ya se han ocupado de ello con la portada de este número, así que poco más puedo añadir.
Eso sí, si esto fuera un VERDADERO cómic de DC donde interviniera Superman con todo su potencial, el problema de esta historia no duraría ni tres viñetas.


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