Los números 88 y 89 de la colección (Dark) Wolverine y los 19 y 20 de la serie Frankencastle (es decir, The Punisher), conforman la saga "Punishment" (Castigo) de cuatro números protagonizada por Daken, el hijo de Wolverine, y Frankencastle, la versión ciborg de The Punisher. Y, por supuesto, este enfrentamiento también tendrá como invitado al viejo Logan.

Aún a la espera de la publicación del cuarto capítulo (Frankencastle #20) del que sí se puede ver un avance en Newsarama, la saga ya se ha descrito perfectamente a sí sola y hay conclusiones que sacar adelante.

La primera es que realizar cuatro capítulos entre dos colecciones no debe realizarse de este modo. Dark Wolverine tiene un estilo de dibujo, el de Stephen Segovia y Paco Díaz, que poco o nada tiene que ver en absoluto con el dibujante de Frankencastle, Tony Moore.

La historia es absolutamente adecuada para los personajes protagonistas: un enfrentamiento violento hasta extremos dignos del Universo Ultimate. En este sentido, Tony Moore es mucho más efectivo y agresivo, siendo mi favorito para este tipo de historia.

Contrastes aparte entre las dos colecciones, lo que es fácilmente recriminable es que se alargue de un modo tan exagerado una historia que bien podría haberse contado en dos capítulos. Solamente el segundo capítulo es una casi eterna amargama de escenas de violencia y destrucción, un enfrentamiento digno del combate de Rocky 4 entre Balboa y el ruso Darko, a cara de perro.

Fallos en la saga también los hay. Una vez finaliza el primer capítulo, pasamos al segundo para descubrir que como por arte de magia, Daken se ha enfundado su traje de Dark Wolverine que, por cierto, le durará dos asaltos antes de convertirse en una ristra de jirones. Un fallo de coordinación como para tirar bien fuerte de las orejas a los editores de las colecciones, pues al final del primer capítulo, Daken está igual que al principio: con traje de calle.

Así, a falta de leer el cuarto capítulo, la sensación es la de una historia absolutamente inflada con tal de hermanar cuatro números de dos colecciones distintas. Y lo mejor, la habilidad de Tony Moore para transmitir rabia y violencia en viñetas.