Nunca un cómic de Superman supo menos a Superman. Esta sería la frase con la que resumiría este tomo que, a lo largo de 160 páginas, nos ofrece las aventuras de dos personajes: Flamebird y Nightwing.
Para ponernos en antecedentes hay que recordar que Superman se encuentra en New Krypton, por lo que la Tierra se ha quedado sin su héroe de acero, a la vez que lleva unos meses experimentando la infiltración de ciertos kryptonianos, casi en paralelo a lo que se está pudiendo ver en las dos últimas temporadas de la serie de TV Smallville.

Como historia, Flamebird y Nightwing poco tienen que ver con la encarnación de los "Batman y Robin" de Kandor, ni con los alter egos de Superman y Jimmy Olsen en la Golden Age. Son los jóvenes kandorianos Christopher y Thara, el primero hijo del general Zod, y la segunda, perteneciente al linaje de Ak-Var, muy vinculado en diversos modos a su principal rival en esta historia: Alura.

Las 160 páginas de este tomo se dividen en tres bloques bien diferenciados. El primero se corresponde a los números dibujados por Eddy Barrows, un dibujante impactante que parece surgido de las "escuelas" Top Cow o Wildstorm: planos impactantes, escenas de acción sorprendentes, y más de un altibajo tan sorprendente como sus grandes planos de acción. Es curioso ver cómo Flamebird y Nightwing realizan un combate tan alucinante como en el principio de esta saga, y luego hay "bajones" en escenas más sedentarias donde el dibujante no se esmera tanto, como si fuera una página de trámite aburrido que quitarse de encima por obligación.
Barrows es el responsable de dos de los cómics incluidos en este tomo: Action Comics 875 y 876 USA.

El segundo bloque que destaco aquí corresponde a los números 878 y 879 de Action Comics, donde el dibujante Diego Olmos toma el relevo de esta saga con un trabajo correcto pero carente de lucimiento. Su estilo estático, de trazos inconclusos que juegan con las sombras no son precisamente lo que requiere una historia de este tipo. Podemos identificar a Supergirl porque duerme con una camiseta con la "S" y porque enseguida la llaman por su nombre. Pero no es Kara. No es su rostro. Ni Lois Lane es Lois, ni el general es el mismo que hemos visto en páginas anteriores. Y por supuesto, Thara parece más la copia en dibujo de una fotografía que no el personaje que conocemos de páginas más atrás. En general, no es un dibujo que agrade en el terreno de los superhéroes. Muy angulado y poco definido. Y es difícil agradar con ese estilo. Sí lo consiguieron en su día grandes firmas como las de Sienkiewicz, Miller o Mazzuchelli, pero no es lo habitual. Para eso hay que ser un genio.
En esta parte de la historia una ya se da cuenta de que aparte de las tramas del general y de Alura, Greg Rucka alarga la historia casi excesivamente. Esto, unido a que ya no es Gary Frank quien dibuja sus historias, hace que la intensidad baje muchos enteros. El motivo no es que como guionista haya perdido intensidad o que la historia pierda fuerza por los dibujantes en algunas partes. Influye mucho el hecho de que en la historia está constantemente subrayando toda la historia general relacionada con los kandorianos, la zona fantasma y los dramas de los kryptonianos en general. Demasiada información y poca fluidez para un cómic de aventuras. Y esto se nota especialmente en el tercer bloque.

El tercer bloque lo componen esas partes tan odiadas de una saga, como son las historias de transición. Sydney Teles dibuja el número Action Comics 877 con un dibujo realmente desconcertante. Tiene páginas más que correctas, sobre todo al principio, pero a medida que avanzamos en su historia, los trazos de vuelven más rápidos, menos precisos, los rostros empeoran y comienza a pasar lo mismo que con Diego Olmos: debemos mirar vestimentas y leer textos para asegurarnos de quién es quién. De los primeros planos bien planteados, pasamos a un juego de planos estáticos hacia el final de sus 22 páginas. Para abreviar: es un dibujante que da la sensación de haber trabajado a toda prisa, y el resultado final se resiente.
La otra parte de transición es el duodécimo anual de la serie USA, donde asistimos a un spin-off sobre cómo se encuentran Christopher y Thara en una historia que podría haber surgido de la nueva serie de TV Battlestar Galactica: Una historia con recuadros de texto y más texto, de explicaciones y más explicaciones, de un aburrido vaivén en el que una vez más comprobamos que un anual no es en esta ocasión una superhistoria con más páginas, sino una especie de repaso enciclopédico de todo lo relacionado con la saga de Flamebird y Nightwing. Es de agradecer que ante algo tan tedioso, nos encontremos con los lápices de Pere Perez, un dibujante que domina las expresiones, que sabe jugar para plasmar de modo interesante un guión, incluso en un caso tan aburrido como el de este anual. Ojalá le surjan más oportunidades. Habría sido interesante ver cómo hubiera planteado con sus lápices la historia a partir del 877.

En general, este primer tomo de "Mundo sin Superman" debemos tomarlo como cualquier cosa, menos como un cómic del Hombre de Acero. Ni Supergirl aparece, ni Lois Lane es la gran protagonista, ni la historia de los kryptonianos es un torrente de escenas de acción. Básicamente es Alura contra Nightwing y Flamebird. Aunque nos metan con calzador a un superhéroe de los cincuenta acompañados de una horda de ridículos orcos Uru-Khai.
Abrevie, señor Rucka. Acuérdese de su etapa junto a Gary Frank y denos algo más de aquella magia como cuando enfrentó al hijo de Krypton contra Brainiac.
Finiquite esta etapa y solicite un dibujante de primera línea. Que esto es Action Comics, y Superman debe volver a brillar como en antaño.

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