Publicidad:
La Coctelera

Dentro del Laberinto

16 Noviembre 2007

"Carmesí"

He comentado en varias ocasiones las diversas discursiones que tengo con mi musa. Es curioso como en tiempos de crisis (no en las Infinitas Tierras ni nada hecatómbico: basta con que sea una pequeña tontería cotidiana), uno puede llegar a agudizar un poco sus sentidos. Ha sido en el momento menos esperado del día, pero me ha venido a la imaginación los trazos de lo que luego he convertido en un cortísimo relato que no tengo ningunas ganas de almacenar. No vale la pena guardarlo para un recopilatorio de historias cortas. Es más adecuado para un blog como este, para esos cinco minutos que igual, de otro modo, habríamos perdido en la nada. Espero que os guste...

CARMESÍ

Año 998 D.C.
En algún lugar cerca de la costa normanda.

Durante un suspiro que le pareció dulce, tomó aire para aliviar toda la tensión de la batalla. A menos de media loma había un segundo grupo al que hacer frente, pero estaba claro que el núcleo duro de aquellos hijos de una cabra ya había sucumbido a su hierro.
Miró el filo de su espada y, más allá de la sangre, ya muy viscosa, casi seca, se podía adivinar una nueva mella en uno de los filos. Esta vez se acordaría de recoger alguna espada y un par de puñales de sus enemigos caídos para poder compensar al herrero en la nueva forja de su preciado metal. Alzó la vista al cielo rojizo de aquel atardecer y notó rugir su estómago. Curiosamente, las batallas siempre le provocaban un apetito atroz, o al menos desde que a sus 16 veranos se acostumbró a poner su vida en manos del acero y de los dioses. Ahora ya, con 28, que no 16, estaba más que acostumbrado y lo único que quería es terminar de una vez con aquella batalla. Lástima de sus compañeros de clan. No todos habían muerto, pero el joven Marco no parecía que fuera a aguantar mucho más, y Juan, el hijo de irlandeses, puede que sobreviviera, pero a buen seguro que perdería una pierna.
Su puño cerró su presa con fuerza en su empuñadura mientras su izquierda desenfundaba el cuchillo de su cinto de cuero. Cuatro quedaban ante él, a cuál más temeroso a pesar de la velocidad de sus piernas. Y de repente, el viento habló. Giró su vista hacia la ladera del oeste y allí, a contraluz con el ocaso carmesí del día, estaba la esbelta figura de una joven que reconoció enseguida, a pesar de la distancia,por su larga y gruesa trenza. No pudo distinguirlos, pero imaginó aquella mirada que ya viera en un par de ocasiones. Una mirada profunda, intensa, cristalina, llena de mensajes indescifrables. En busca de alguna respuesta a su presencia en aquella ladera, intentó discernir mejor su silueta, cuando distinguió un largo arcoque colgaba inerte de su mano derecha. Pero no hacía ademán de usarlo, lo que le extrañó... hasta que escuchó el sonido de lo que podía ser una serpiente. Entonces, un profundo e intenso pellizco invadió su pecho. Sorprendido más que otra cosa, fijó sus pupilas en la larga varilla negra que atravesaba su corazón, mientras veía la silueta femenina dar media vuelta y comenzar a desaparecer tras la ladera.
Puede que fuera su mente intentando consolarle con su imaginación, pero creyó ver un tímido gesto de pesar en ella antes de que el mundo volteara ante sí para caer mirando al cielo.
"Qué extraño," pensó para sí mismo. El cielo, azul celeste e intenso, se veía con una claridad cristalina, pero poco a poco se teñía de carmesí en una secuencia tan impresionante como preciosa. Un carmesí cada vez más intenso y seductor.
Ya solo quedaba esbozar una sonrisa y despedirse...

Año 2008 D.C.
En algún lugar de los Pirineos

Una vez más, la senda había sido agotadora, pero era agradable sentarse en aquella roca gigantesca, mientras Rusko jadeaba con su larga lengua para intentar refrescarse todo lo posible en lo que recordaba a una curiosa y simpática sonrisa canina.
De la mochila salió la última botella de plástico con agua para el perro, mientras que él aprovechó para asaltar un par de aquellos chicles mentolados que le ayudaban a recuperarse (o eso pensaba él). Mil veces mejor eso que recurrir a una pastilla de glucosa, como cuando jugaba a fútbol. Aunque no tanto como los tréboles que a veces masticaba y que tanto le recordaban al regaliz.
Pasear con Rusko tenía sus ventajas. La principal era evidente: siempre es agradable pasear con un amigo. Pero si alguna vez se iban a topar con una pequeña serpiente, una gineta, o un zorro, Rusko solía avisar. En la mayoría de veces, soltaba un ladrido, pero en esta ocasión se limitó a erguir sus orejas: De estar tumbado, paso a una posición firmes sobre sus cuatro patas y cesó de jadear para poder escuchar mejor. Por su parte, desde la roca intentó divisar cualquier cosa que diera pistas de aquello que había alertado a Rusko, quien se sentó sobre sus cuartos traseros mirando a un risco cercano, al otro lado del pequeño valle donde habían paseado esa tarde. Finalmente, el perro se tumbó por completo sin dejar de mirar a la loma, todavía sin jadear, en un gesto claro de relajación.
Era evidente que en al otro lado del valle había algo, así que se puso en pie sobre la roca en la que descansaba y rebuscó con la mirada. Y encontró la explicación. Sacó sus prismáticos y apuntó a la derecha de un enorme pino. Era una figura femenina que, a su vez, lo estaba observando con sus prismáticos. Ella montaba una yegua marrón y, con toda seguridad, estaría empleando uno de los caminos de paseo que recorren los riscos planos hasta enlazar con una de las vías de montaña principales. Pero hubo un gesto que le hizo tener una descarga en toda la columna vertebral. Fue cuando la vio bajar los prismáticos, cuando vio su mirada, enmarcada por una sonrisa limpia y sincera. Un sentimiento de nostalgia le embargó hasta lo más profundo de su ser. Sintió miedo, supo que algo en él despertaba, que había algo que no sabía definir, pero que había sucedido y casi sintió frustración por haber tenido que esperar más de treinta y dos años a experimentar algo así. Era algo que había quedado misteriosamente oculto y que, ahora que se le había revelado en aquella mirada, le hacía verse a sí mismo como un títere del destino, perdido en algo que ni siquiera estaba seguro de qué se trataba.
Quizá fuera al encuentro de aquella mujer, pues sabía perfectamente hacia dónde se dirigía. Pero durante un minuto casi eterno, no pudo evitar mirar hacia la inmensidad del vacío, hacia el azul celeste del cielo, mientras su palma izquierda reposaba, protectora, con fuerza, sobre su pecho.
Y al tiempo que la silueta de la amazona desaparecía más allá de los riscos, una idea se repetía en su mente: "Ese cielo no debería ser azul".

servido por dentro-del-laberinto 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

javier-caspito

javier-caspito dijo

Buen re4lato, la figura me recuerda un poco a Xena la princesa guerrera.

16 Noviembre 2007 | 04:12 PM

gorjvnix

gorjvnix dijo

efímero, intenso y perfecto, como debe ser un relato, francamente me ha encantado.

Un saludo al filo del Laberinto.

2 Diciembre 2007 | 11:49 PM

Xavi Marturet

Xavi Marturet dijo

No sabes cuánto bien me hacen vuestros comentarios.
Gracias, Gorjvnix.
Ah, y Javier, tocayo, felicidades por tu santo. ;D

3 Diciembre 2007 | 09:58 AM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Me llamo Javier Marturet, aunque mucha gente me conoce más como Xavi Marturet, debido a una buena ristra de años firmando así en el mundo del cómic y de los dibujos animados. Soy uno de los que aparecen en este cubo que da vueltas (si haces clic en una de sus caras, podrás ver la foto que quieras ampliada), y antes de que lo preguntes, no, no soy dibujante. He sido (y soy, que eso no se borra del ADN así como así) guionista, periodista y un buen montón de cosas más. También he sido (y soy) locutor en Radio Union Catalunya, donde presenté y dirijí mi programa "A Dos Bandas" desde enero de 2004 hasta enero de 2007 (actualmente me he tomado una temporada sabática por sobrecarga de trabajo). También trabajo en una compañía productora y distribuidora de cine, pero ya irá saliendo todo poco a poco en este blog. En "Dentro del Laberinto" mi intención es contaros más las anécdotas del día a día, a veces divertidas y otras no tanto. Bienvenidos pues a mi Laberinto: Espero que cuando paséis por mi laberinto, salgáis con la sensación de no haber perdido el tiempo.

Estadísticas

 Subscribe in a reader

Fotos

dentro-del-laberinto todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera